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dichos del Profeta

Mensaje del Profeta

  • Narró Abu Abdullah, Yabir Ibn 'Abdullah Al-Ansari (que Allah esté complacido con él) que un hombre preguntó al Mensajero de Alá (la paz sea con él) diciéndole: Acaso si yo rezara las oraciones prescritas, ayunara el mes de Ramadán, tomara lo lícito como lícito y lo ilícito como ilícito, sin añadir nada a esto ¿Entraría en el paraíso? dijo: “Sí”. (Transmitido por Muslim)

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La Generosidad se considera una de las cualidades humanas más nobles. Es de los atributos más hermosos que el hombre puede adquirir, ya que la avaricia y la falta del espíritu de compartir forman parte de la naturaleza innata del hombre. Allâh dice: {Diles: Si tuvierais en vuestro poder las reservas del sustento de mi Señor, no las compartiríais por temor a que se agotasen. En verdad, el hombre es avaro.} [Sura El viaje nocturno: 100]. Por ello, este atributo era elogiado por los árabes y quien lo practicaba gozaba del elogio de todos incluso el de los poetas.

La generosidad consiste en dar dinero, comida y otras cosas a quien lo necesita, agasajar y tratar bien al huésped, etc. Mientras que la avaricia es lo contrario de la generosidad, y se considera de uno de los peores valores morales para los árabes.

Muhammad (La paz sea con él) fue el más generoso de todos.

El Profeta Muhammad (La paz sea con él) vivió en una sociedad que apreciaba la generosidad y la elogiaba. Sin embargo, el Profeta (La paz sea con él) sobrepasó a toda la sociedad al respecto. Sus contemporáneos fueron testigos de que él era el más generoso entre la gente. Ibn ‘Abbas (t) dijo: “El Profeta (La paz sea con él) era el más generoso entre la gente, y llegaba al culmen de su generosidad en el mes de Ramadán cuando Yibrîl [Gabriel] (u) se encontraba con él. Yibrîl se reunía con él cada noche de Ramadán para enseñarle el Corán, y cuando lo hacía, él, (La paz sea con él) era aún más generoso (en dar caridades) que el viento agradable (que lleva muchos beneficios a la gente)”[1]   

El Profeta (La paz sea con él) no se negaba a dar limosna al pobre:

Sahl ibn Sa’d (t), dijo: “Una mujer le regaló al Mensajero de Allâh (La paz sea con él) una túnica. La mujer dijo: “¡Oh Mensajero de Allâh (La paz sea con él)! He tejido esta túnica con mis propias manos para que la uses.” El Mensajero de Allâh (La paz sea con él), la acepto, pues la necesitaba. Al cabo de un rato, el Mensajero de Allâh (La paz sea con él) salió de su casa con la túnica puesta. Entonces, un Compañero (t) le dijo: “¡Profeta de Allâh (La paz sea con él)! ¡Regálame esta túnica!” El Mensajero de Allâh (La paz sea con él), le contestó: “De acuerdo. Se quedó sentado un momento y volvió a su casa. Se la quitó, la dobló y se la dio a la persona que se la había pedido. Los Compañeros (y) recriminaron a esta persona diciéndole: “No fue apropiado que le pidieras su túnica si sabes que no se la negaría a nadie ni dejaría que nadie se vaya con las manos vacías”. El hombre dijo: “¡Por Allâh (La paz sea con él)! Sólo se la pedí porque quiero que me sirva de mortaja cuando muera”[2].

La generosidad es un valor moral hermoso y bueno sea cual sea la condición social de quien la practique. No obstante, para una persona rica es fácil gastar mucho dinero sin echarlo en falta. Pero si es pobre y da de lo poco que tiene, esto se considera una generosidad suprema.

El Profeta (La paz sea con él) no era rico, y su generosidad no fue  el resultado de su riqueza, sino que daba de lo poco que tenía. Sin embargo, el Profeta (La paz sea con él), no practicaba la generosidad para que la gente le tratara bien y le devolviera el favor, sino que fue generoso al margen del trato, a veces, áspero por parte de los beduinos. 

Muhammad ibn Yubair (t), dijo que Yubair ibn Mut‘im (t) le informó que mientras estaba en compañía del Mensajero de Allâh (La paz sea con él), volviendo de Hunain, los beduinos rodearon al Mensajero de Allâh (La paz sea con él) esperando recibir algo  de lo que tenía. Eran tantos los que se amontonaron a su alrededor que el Profeta (La paz sea con él) tuvo que refugiarse detrás de un árbol. Pero a pesar de esto le quitaron su manto. Entonces exclamó: “¡Oh gentes! ¡Devolvedme mi manto! Si tuviera tantos camellos como el número de estos árboles, los distribuiría entre vosotros. Sabéis bien que no soy tacaño ni cobarde ni mentiroso”[3]. 

La generosidad del Profeta (La paz sea con él) albergó a todos:

La generosidad del Profeta (La paz sea con él) no se limitaba a sus Compañeros (y) más allegados o a quienes esperaban que les devolviera el favor, sino que se extendía a todos. Incluso sus enemigos reconocieron esta gran cualidad en el Profeta.

Cuando Muhammad (La paz sea con él) entró en Meca, perdonó a todos sus habitantes pese a su enemistad y maltrato con él, salvo a seis personas que le habían perjudicado tanto a él como a los musulmanes en general.

Es lógico que quien haya llegado a este grado de enemistad y agresividad reciba el castigo que merece, que consistió en que quien les matase estaría libre de cualquier castigo. ‘Ikrimah ibn Abû Yahl fue uno de ellos.                

Entonces, ‘Ikrimah ibn Abû Yahl escapó de Meca. Subió a bordo de un barco con la intención de abandonar la Península Árabe. El barco, sufrió una tormenta. A los que estaban a bordo les entró el miedo y dijeron: “Tenéis que ser sinceros con vosotros mismos, ya que vuestros ídolos no os servirán de nada (Era costumbre de los árabes suplicar a sus ídolos en los tiempos de comodidad, mientras que en los tiempos de aflicción suplicaban solamente a Allâh (I) con sinceridad). Así que ‘Ikrimah ibn Abû Yahl dijo: “Juro por Allâh (I) que si no me salva en el mar más que la sinceridad, esa será la misma cualidad que tengo que ejercer en tierra firme. ¡Oh Allâh (I), me comprometo ante Ti que si me salvas de lo que estoy experimentando, iré a Muhammad (La paz sea con él) y le estrecharé la mano porque sabe perdonar y es  generoso. Así lo hizo  y abrazó el Islam.”[4]  

Este testimonio fue realizado por parte de ‘Ikrimah hacia el Profeta Muhammad (La paz sea con él) estando todavía en enemistad con él. Este testimonio por parte de él, sobre las cualidades de la generosidad y el perdón practicadas por parte del Profeta (La paz sea con él), es una prueba de que Muhammad (La paz sea con él) era famoso por su generosidad incluso entre sus enemigos.

Anas ibn Mâlik (y) dijo: “Un hombre de la tribu de Banî As-Sa‘q [una rama de Bani Kilâb] se dirigió al Profeta (La paz sea con él) preguntándole sobre el reglamento islámico sobre alquilar un semental. El Profeta (La paz sea con él) se lo prohibió diciendo: “Nosotros lo concedemos generosamente [Y no cobramos].”[5]        

El Profeta (La paz sea con él) recomendó la práctica de la generosidad:

La generosidad del Profeta (La paz sea con él) no se quedó solamente en el ámbito de la práctica personal, sino que incitó a sus seguidores a practicarla, confirmando su mérito y transmitiendo que es un medio para lograr el amor de Allâh (I). Sahl ibn Sa‘d (t) dijo: “A Allâh le agrada la generosidad y los nobles valores morales, mientras que rechaza los asuntos despreciables.”[6]

La generosidad está conectada con la fe en Allâh (I) y el Último Día. De esta forma, pasó de ser un valor moral a un componente básico de la fe. Abû Shuraij Al ‘Adauî (t) dijo: oí y vi al Profeta (La paz sea con él) cuando dijo: “Quien crea en Allâh y en el Día del Juicio que trate bien a su vecino, quien crea en Allâh y en el Último Día, que atienda bien a su huésped dándole su debida provisión (cortesía).” Preguntó: “¡Oh Mensajero de Allâh! Y qué sería.” Contestó: “[Le agasajará del mejor modo durante] un día y una noche, y la hospitalidad se extiende durante tres días. Después de ese período, es caridad que quien crea en Allâh y en el Día del Juicio hable el bien o  se calle.” [7]   

Sin embargo, con la generosidad ocurre lo mismo que con el resto de las cualidades y buenos atributos que el hombre puede adquirir; puede hacerlo con la finalidad de recibir el elogio de la gente. Por ello Muhammad (La paz sea con él) concienció a sus Compañeros (y) sobre la importancia de atraerse esas nobles cualidades buscando solamente la satisfacción de Allâh (I), y sin perseguir el elogio de la gente, porque la generosidad es un acto de devoción por medio del cual se recompensa al hombre si su intención es buscar solo la satisfacción de Allâh (I), el Único.   
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[1] [Al Bujârî (6)][Muslim (2308)]. 
[2] [Al Bujârî (6036)].
[3] [Al Bujârî (2821)].
[4] [An-Nasâ’î (4067)][Al Albânî: Sahîh].
[5] [An-Nasâ’î (4672)][Al Albânî: Sahîh].
[6] [Al Hâkim (48/1)][Al Albânî: Sahîh].
[7] [Al Bujârî (6019)][Muslim (48)].