El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era la persona con más valentía y coraje. Esto está evidenciado por el hecho de que él se levantó en contra de los no creyentes por su cuenta, llamando al monoteísmo (tawhid) y a la adoración sincera de Alá (Todopoderoso)sin asociados. Los no creyentes se opusieron a él y se unieron para hacerle la guerra.
En el mes de Ramadán del segundo año luego de la Hégira, tuvo lugar la gran batalla del Badr. Su causa inmediata fue que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) salió con 313 hombres para interceptar una gran caravana de Quraish que iba en su camino de regreso desde Siria. Abu Sufián (Allah esté complacido con él), el líder de la caravana, era extremadamente alerta y cauto. Él le preguntaba a todo el que se encontraba acerca de los movimientos de los musulmanes.
La batalla de Uhud tuvo lugar en el mes de Shawwal del tercer año luego de la Hégira. Luego de que sus nobles habían muerto en Badr y haber sufrido una calamidad como nunca antes habían sufrido, la tribu de Quraish se inclinó hacia la venganza para restaurar su prestigio perdido. Entonces Abu Sufián (Allah esté complacido con él) empezó a incitarlos en contra de los musulmanes y a reclutar a varias facciones. Reunió a cerca de tres mil hombres de Quraish y sus aliados, acompañados por sus mujeres para prevenir que se escaparan y los alentaran a seguir.
En su libro, Zad al-Ma`ad, Ibn al-Qayyim citó muchas de las enseñanzas y lecciones derivadas de la batalla de Uhud, entre ellas:
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era gentil con su Ummah. Siempre que le fue dada una opción entre dos cosas escogía la más sencilla con el fin de evitar la dificultad para su pueblo. Él dijo (la paz y las bendiciones de Dios sean con él):
Con relación a la compasión del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) con su comunidad, Anas ibn Malik (Allah esté complacido con él) narró: “Mientras estábamos en la mezquita con el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), un beduino vino y orinó dentro de ella. Los compañeros exclamaron: “Détente, Detente!” Pero el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) les dijo: “Déjenlo y no lo interrumpan”. Entonces, lo dejaron hasta cuando terminó.
En Shawwal del quinto año, tuvo lugar la batalla de al-Ahzaab,[1] también conocida como la batalla de al-Jandaq[2]. Los antecedentes de esta batalla fueron que el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) había expulsado a los judíos de Bani an-Nadhir de Medina el año anterior debido a su intento de asesinarlo. Entonces, un grupo de sus nobles fueron a La Meca e incitaron a Quraish a luchar en contra del Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), prometiendo ayudarlos en contra de él.
El Islam trajo justicia completa, como está establecido en el Corán: “Alá ordena ser equitativo, hacer el bien y ayudar a los parientes cercanos. Y prohíbe la obscenidad, lo censurable y la opresión. Así os exhorta para que reflexionéis.” (16:90) “¡Oh, creyentes! Sed firmes con [los preceptos de] Alá, dad testimonio con equidad, y que el rencor no os conduzca a obrar injustamente. Sed justos, porque de esta forma estaréis más cerca de ser piadosos. Y temed a Alá; Alá está bien informado de lo que hacéis.” (5:8)
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) firmó un tratado con los judíos de Medina, un acuerdo de no agresión mutua. Pero ellos rápidamente rompieron ese acuerdo haciendo complots y conspiraciones.
El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) no blandió una espada forzando a la gente a entrar al Islam, pues el Corán es muy claro en su prohibición de este concepto. Alá (Todopoderoso)dijo:
















