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Liga del Mundo Islámico - Organismo Mundial para la Presentación del Mensajero

dichos del Profeta

Mensaje del Profeta

  • Relató Ibn Mas'ud (que Allah esté complacido con él) que el Mensajero de Alá (la paz sea con él), dijo: “No es permitido derramar la sangre de un musulmán excepto a causa de uno de estos tres casos: el casado que comete adulterio, vida por vida y el que deja su religión y rechaza la comunidad”. (Transmitido por Bujari y Muslim)

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Misericordia con sus enemigos

El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) fue una misericordia para toda la humanidad. Alá lo describió como tal, diciendo:

“Te hemos enviado [¡Oh, Muhámmad!] como misericordia para todos los seres”. (21:107) 

Y el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) mismo dijo: “Fui enviado para ser una misericordia”. (Muslim)

Su misericordia (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) fue una misericordia general la cual incluía al creyente y al no creyente. Cuando Tufail ibn `Amr ad-Dawusi (Allah esté complacido con él) dejó de tener esperanza en el consejo de su tribu él fue donde el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) y dijo: “Oh Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), la tribu de Dawus ha desobedecido y se rehusó entonces suplícale a Alá en contra de ellos”. Entonces el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) se orientó hacia la Qiblah y levantó sus manos, y la gente estaba convencida de que Dawus sería destruida cuando él suplicara en contra de ellos. Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) de la misericordia solo dijo: “Oh Alá, guía a Dawus y tráelos [al Islam]”. (Al-Bujari y Muslim)

El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) suplicó para que fueran bendecidos con la guía, y no para que recibieran castigo o destrucción porque él (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) solo deseaba el bien para la gente y esperaba por su éxito y su salvación.

El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) fue a Taif para invitar a su gente al Islam pero ellos lo rechazaron y lo pusieron en ridículo y alentaron a los niños a arrojarle piedras de la calle hasta que sus pies sangraron. Su esposa, `A’ishah, relató lo que pasó después de eso: “Le pregunté al Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) si él había tenido un día más difícil que el de la batalla de Uhud. Él me dijo:

‘Yo soporté mucho de tu gente, pero lo peor que tuve que soportar fue el día de al-`Aqabah cuando me ofrecí a Ibn `Abdi Ya Layl ibn `Abdi Kulal. Él no respondió como yo había deseado, entonces me fui,  absorbido por mis preocupaciones, y no vine de vuelta hasta cuando había llegado a Qarn az-Za`alib. Levanté mi cabeza y encontré que una nube me había dado sombra; miré y allí estaba (el ángel) Gabriel   dentro de ella. Él me dijo: “Alá, el Poderoso y Majestuoso, ha oído lo que tu pueblo te dijo y cómo te responden. Él te ha enviado al ángel de las montañas, entonces ordénale que les haga lo que tu desees”. El ángel de las montañas se dirigió a mí, diciendo: “¡Oh Muhámmad! De verdad, Alá ha oído lo que tu pueblo te dijo y cómo ellos te rechazaron. Yo soy el ángel de las montañas y Alá me ha enviado para que me ordenes hacer lo que sea que tú desees. Si tú lo deseas yo los aplastaré entre las dos montañas”.  Pero el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) replicó: “En lugar de eso, yo espero que Alá traiga de su descendencia aquellos que adorarán solamente a Alá sin asociarle nada”.  (Al-Bujari y  Muslim)

Esta era la misericordia que le permitía al Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) olvidar sus heridas sangrantes y su corazón lastimado, solo pensando en cómo llevar el bien a aquellas personas y sacarlas de la oscuridad hacia la luz y guiarlas por el camino correcto.

Y cuando el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) conquistó La Meca, entrando en ella con diez mil guerreros, Alá le dio la decisión acerca de aquellos que lo habían abusado y perseguido, planeado su asesinato, expulsado de su tierra natal, asesinado a sus compañeros y que los habían torturado a causa de su religión. Uno de sus compañeros dijo: “Hoy puede ser un día de masacre”. Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: “No, por el contrario es un día de misericordia”. 

Luego el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) fue ante la gente derrotada cuyos ojos estaban abiertos con temor y cuyos corazones temblaban, esperando a ver lo que el conquistador victorioso haría con ellos. La costumbre era la venganza y la mutilación de los muertos, como ellos había hecho en la batalla de Uhud y en otros lugares. Pero el Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) les dijo:

“Oh Quraish, ¿qué suponen ustedes que yo debería hacer con ustedes?”

Ellos respondieron: “El bien. Tu eres un hermano generoso y el hijo de un hermano generoso”. El Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) replicó: “Pueden irse, son libres”.  Ellos se sintieron como si hubieran salido vivos de sus propias tumbas.

Tal inclusivo perdón fue el resultado de la misericordia en el corazón del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), la cual era tan grande que incluyó a aquellos enemigos que le habían hecho daño a él y más aún a sus compañeros. Si no hubiera sido por su misericordia tal perdón no hubiera ocurrido. Qué tan ciertas fueron las palabras del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) cuando dijo:

“Yo soy una misericordia concedida”. (Al-Hakim) 

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