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dichos del Profeta

Mensaje del Profeta

  • Narró Abu Abdur-Rahman, Abdullah Ibn Mas'ud (que Allah esté complacido con él): Nos ha relatado el Mensajero de Alá (la paz sea con él), quien es verídico y digno de confianza: “Ciertamente que la creación de cada uno de vosotros, se reúne en el vientre de su madre: Durante cuarenta días en forma de embrión, luego lo hace en forma de coágulo por un período semejante, después como un trozo de carne por un período igual, luego le es enviado un ángel que insufla el espíritu en él, y le ordena cuatro palabras (asuntos): Escribir su sustento, el plazo de su vida, sus obras y si será feliz o desgraciado; ¡por Alá!, quien no hay otra divinidad mas que él, cualquiera de vosotros obra como una persona del Paraíso, hasta que no quede entre él y éste (paraíso) más que un brazo (de distancia), entonces lo que ha sido escrito le alcanza, y obra como las personas del fuego (del Infierno) y entra en él. Y otro de vosotros obra como una persona del fuego (del Infierno), hasta que no queda entre él y éste (infierno) que un brazo (de distancia), y entonces le alcanza lo que había sido escrito y obra como una persona del Paraíso y entra en él”. (Transmitido por Bujari y Muslim)

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Alá (Todopoderoso)le ordenó a Su Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) que perdonara a la gente y dijo: “Por misericordia de Alá eres compasivo con ellos. Si hubieras sido rudo y duro de corazón se habrían alejado de ti; perdónales, pide perdón por ellos y consúltales en las decisiones. Pero cuando hayas tomado una decisión encomiéndate a Alá. Alá ama a quienes se encomiendan a Él”. (3:159) 

Y dijo: “Pero discúlpales y perdónales. Alá ama a los que hacen el bien”. (5:13) 

El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) era partidario del perdón y prefería la clemencia en todas las situaciones. No recurría a un castigo a menos que no hubiera forma de evitarlo. Hay muchas y bien conocidas instancias de perdón en la biografía del Profeta, entre ellas aquellas que concedió a la gente de La Meca luego de La Liberación.

Entre ellas está también lo que es relatado por Abu Hurairah (Allah esté complacido con él), El Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) envió a un grupo de jinetes hacia Nayd y ellos trajeron de vuelta a un hombre de la tribu de Bani Hanifah llamado Zumamah ibn Uzaal (Allah esté complacido con él), un noble de la gente de Yamamah. Ellos lo amarraron a uno de los pilares de la mezquita. El Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) salió hacia ellos y dijo: “¿Qué tienes en mente, Oh Zumamah?” Él replicó: “Algo bueno, Oh Muhámmad. Si tu me mataras, matarías a una persona que ha matado; si me dejaras libre, estarías haciendo un favor a alguien que es agradecido, y si deseas riqueza, entonces pídela y te será dado lo que desees.” El Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) lo dejó hasta el día siguiente, y nuevamente le preguntó: “¿Qué tienes en mente, Oh Zumamah?” Él dijo: “Lo que te he dicho, si me mataras, matarías a una persona que ha matado; si me dejaras libre, estarías haciendo un favor a alguien que es agradecido, y si deseas riqueza, entonces pídela y te será dado lo que desees.” Entonces, el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) lo dejó hasta el día siguiente, cuando le dijo: “¿Qué tienes en mente, Oh Zumamah?” Él respondió: “Lo que te he dicho, si me mataras, matarías a una persona que ha matado; si me dejaras libre, estarías haciendo un favor a alguien que es agradecido, y si deseas riqueza, entonces pídela y te será dado lo que desees.” “

El Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo: “Liberen a Zumamah.”  Entonces, Zumamah (Allah esté complacido con él) fue a un jardín de palmas cerca de la mezquita y se bañó. Luego  entró a la mezquita nuevamente y dijo: “Atestiguo que no hay dios sino Alá y atestiguo que Muhámmad es Su Sirviente y Mensajero. Oh Muhámmad, por Alá, no había rostro sobre la superficie de la tierra más odiado por mí que el tuyo, pero ahora tu rostro es el rostro más amado para mí. Por Alá, no había religión sobre la superficie de la tierra más odiada para mí que la tuya, pero ahora tu religión es la más amada para mí. Por Alá, no había ciudad sobre la superficie de la tierra más odiada para mí que la tuya, pero ahora tu ciudad es la más amada para mí. Tu caballería me tomó prisionero mientras estaba intentando hacer la `Umrah, entonces ¿qué piensas?” El  Mensajero (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) de Alá le dio buenos deseos y le ordenó hacer la `Umrah.

Cuando Zumamah fue a La Meca, alguien le dijo: “¿Has apostatado de la religión de tus padres?” Zumamah (Allah esté complacido con él) replicó: “No, por Alá. Yo he abrazado el Islam con Muhámmad, el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él). No, por Alá. Ni un solo grano de trigo vendrá a tí de Yamamah a menos que el Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) lo permita.” (Al-Bujari y Muslim) Noten cómo el perdón puede cambiar los corazones, transformar las actitudes y dispersar la oscuridad de la incredulidad y el error.

Otro ejemplo es el perdón del Profeta (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) a la mujer judía que envenenó una carne; pero cuando él comió de ella, no la tragó. Sin embargo, luego la hizo ejecutar en retribución legal por la muerte de Bishr ibn al-Baraa’ ibn Ma`rur (Allah esté complacido con él), quien comió de la carne y había muerto por el efecto del veneno.

Y más aún otro ejemplo es la narración por parte de Yabir (Allah esté complacido con él): El Profeta salió en una campaña hacia Nayd, y cuando retornó, nosotros retornamos con él. Justo antes de mediodía, llegamos a un valle con muchos árboles con espinas. El Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) se desmontó, y los hombres fueron y buscaron sombra bajo los árboles. Él también se sentó bajo un árbol y colgó su espada.

Nosotros dormimos brevemente y de pronto oímos al Mensajero de Alá (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) llamándonos, entonces fuimos a donde él y encontramos a un beduino sentado cerca de él. Él dijo:

“Este hombre tomó mi espada mientras yo estaba dormido, y me desperté mientras ella estaba en su mano. Él me dijo: ‘¿Quién puede salvarte de mí?’ Le dije: ‘Alá’. Y aquí está, sentado.” Y el Mensajero de Alá no lo castigó. (Al-Bujari)

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